Aunque mi alquiler termina oficialmente en noviembre, tengo unos amigos bastaaaante persistentes… “Iván, múdate a Seattle“, “¿cuándo terminas tu alquiler en Redmond?“, “¿por qué no te mudas a Seattle?“, “Iván, ¡múdate a Seatte YA!“.
Y poco a poco mis amigos me han hecho “inception” con la idea de mudarme… de repente, esperar a Noviembre ya no era suficiente. “¿No crees que mudarte ahora es mejor idea? ¡así disfrutas del buen tiempo en la ciudad!“.
Al final, y en prácticamente una semana, he pasado de estar despejando propuestas, a darme cuenta que no podía dejar de pensar en despertar Seattle… algo así a como cuando se me mete un gadget en la cabeza y no puedo parar hasta que me lo compro.
Pero es que además, coincidencias o destino, en menos de 15 días se inaugura un novísimo edificio justo donde creo que es uno de los mejores sitios para vivir en la ciudad: a un paso de la parada de autobús, a otro paso de los bares, a dos de los restaurantes, a unos cuantos más de downtown, y lo mejor, al lado de mis mejores amigos.
Firmados los papeles del nuevo apartamento y de cancelación del actual, esto es imparable. En tres semanas tendrá lugar la mudanza (a ver cómo demonios desmonto el sofá este de Ikea, jajajaja) y podré empezar a considerarme seattlelita.
Hace un año y dos meses escribí esto al pasar 9 días viviendo en Seattle:
Entonces, ¿me voy a mudar a Seattle? Todavía no, pero al menos ya he confirmado que cuando llegue el momento, no lo voy a pasar nada mal.
Y el momento ha llegado.